Una señora muy rica, una loca de la moda, muy pasada de vueltas, muy trastocada después de muchos años manteniendo su obsesión por la moda. Tiene salas y salas llenas de la ropa más estilosa de todas las temporadas de hace más de veinte años, el Museo del Traje de Madrid se queda corto en comparación a todo lo que tiene esa señora. Y ha estado con crisis maníacas durante tres meses porque ya lo tiene todo, y se siente vacía, y no sabe qué coño hacer, hasta que un día sufre una revelación y descubre qué quiere. Le pide a un diseñador rollo Karl Lagerfeld que le diseñe un abrigo de pulmones. No quiere riñones o cualquier otro órgano vital, quiere los dichosos pulmones. Le advierten de que tarde o temprano el abrigo se le va a pudrir, que es orgánico, que no podrá llevarlo puesto en una segunda ocasión. Le da igual.
Es como la transgresión máxima de ABSOLUTAMENTE TODO, "hay gente muriendo de hambre, pero yo estoy por encima de vuestra dignidad humana llevando un puto abrigo confeccionado con pulmones, tristes mortales". Ese nivel de megalomanía loco.
Grimmer
