Esta idea no es apta para personas aprensivas. Es una idea muy normal, pero trata un tema tabú.
Todos hemos visto la escena esta de Braveheart, esa secuencia épica en la que el valeroso William Wallace se dispone a batallar rodeado de sus compatriotas escoceses con la cara llena de churretes azules. Que, joder, pese a que estás viendo a Mel Gibson, celebrity hollywoodiense, pasearse sobre un caballo pronunciando un discurso por la libertad, la solemnidad del asunto te llega al corazón latino.
Si habéis leído el título de la entrada, imagino que os haréis a la idea de por dónde van los tiros. Me da igual que sea William Wallace, me da igual que sea Mel Gibson. La necesidad primitiva de la última fase de la digestión está ahí. Yo me pregunto qué habría hecho William Wallace si le hubiera dado el apretón justo en el momento en el que las huestes escocesas avanzan con los ojos salidos de las órbitas blandiendo sus espadas contra el ejército enemigo, tras el chute de testosterona de la dialéctica fina de este agitador. Pero un apretón de los angustiosos, de plantearse la posibilidad de espolear al caballo y cagarse. Una decisión ardua, difícil y loca, "joder, soy William Wallace, yo comando este ejército". Porque no puede escaquearse de la primera oleada ofensiva, pero tampoco puede cagarse sobre el caballo. Osea, ¿qué hace William Wallace? Tiene la solución para la independencia de Escocia, pero se encuentra con un dilema existencial mucho más difícil, el talón de Aquiles del revolucionario William Wallace, el ataque de caca del liberador, lo épico de los valores de un hombre contra la necesidad apremiante que nos hace animales. La verdadera batalla era entre William Wallace y su esfínter.
Primera idea, poneos cómodos.
Grimmer