Joder, sí. Esa ironía fina, ese "me quiere", "no me quiere". Una margarita depositada en una silla, tras un escritorio de madera de caoba, los integrantes de la pareja van explicando cosas y luego le quitan un pétalo a la margarita para interpretar una respuesta. Un oráculo floral.
El caso es que funciona. Salgan como salgan de la consulta, las parejas ya no quieren a otros terapeutas más que a esos. Y se los recomiendan unos a otros, como el tema de cotorreo principal en los aburridos cócteles de empresarios muy ricos.
Cientos de psicólogos y psiquiatras pierden el trabajo y cierran sus consultas, marchando al exilio.
Grimmer